Definición

Es una infección intestinal caracterizada por diarrea acuosa, dolor abdominal, náuseas, vómitos a veces asociados a sensación de escalofríos o fiebre de bajo grado (menor de 38ºC).

Son más frecuentes durante los meses de otoño e invierno, aunque cada vez son más habituales los brotes fuera de estas estaciones.

Causas

Así como existe un virus que causa la gripe que infecta las vías respiratorias existen virus entéricos, es decir que tienen preferencia por las células del intestino. Lo más frecuentes son: el Rotavirus y el virus Norwalk.

El Rotavirus ataca frecuente a lactantes y niños pequeños (3-5 años) y puede causar deshidratación severa. En los adultos, puede no causar síntomas sin embargo éstos pueden ser capaces de transmitirlo.

Existe una vacuna para el Rotavirus que se encuentra incluida en el calendario vacunal, se aplica a los 2, 4 y 6 meses de edad.

Contagio

La vía de transmisión es fecal-oral, es decir mediante el contacto con una persona infectada (compartir utensilios, toallas) o de la ingestión directa de agua o alimentos contaminados por virus entéricos.

Síntomas

Suelen aparecer a partir de las 12-24 horas de ser infectado por el virus y los síntomas varían desde un grado leve hasta severo y son los siguientes:

Diarrea acuosa, sin moco y sin sangre. Dolor o calambres abdominales. Náuseas, vómitos, dolores de cabeza y musculares. Puede existir o no fiebre, pero suele ser de bajo grado.

Duración

Puede durar desde un día o dos hasta 10.

Signos de alarma

Síntomas que requieren de atención médica:

  • Intolerancia oral por un tiempo mayor o igual a 24 horas, es decir vómitos que no ceden.
  • Sed intensa, boca seca, orina de color amarillo intenso, disminución del volumen urinario, debilidad muscular generalizada, mareos o cansancio.
  • En lactantes: aumento de horas de sueño o tendencia a éste o de lo contrario irritabilidad. Llanto sin lágrimas. Fontanelas deprimidas, ojos hundidos, avidez al beber leche o líquidos.
  • Fiebre mayor de 38ºC.

Tratamiento

No hay tratamiento farmacológico efectivo para tratarla, de manera que la clave principal para combatirla es la prevención a través de un buen lavado de manos al manipular alimentos y sobretodo antes y después de ir al aseo.

Evolución y pronóstico

De manera general tiene una evolución favorable, tras una adecuada hidratación, sin embargo en lactantes, adultos mayores y personas con las defensas bajas como pacientes con enfermedades como neoplasias, diabetes, insuficiencia renal o cirrosis, puede desencadenar una deshidratación grave que requerirá vigilancia médica o ingreso hospitalario.

Recomendaciones:

  • Reposo alimentario: evitar alimentos sólidos al inicio del cuadro diarreico.
  • Hidratación con suero oral o bebidas rehidratantes (Aquarius) en sorbos pequeños y frecuentes.
  • Reintroducción de dieta: ir progresando poco a poco de líquidos a purés de plátano, manzana o gelatinas. Luego a arroz y pollo y así progresivamente.
  • Evitar: lácteos, cafeína, alcohol, nicotina, grasas o alimentos muy condimentados. No utilizar fármacos antidiarreicos (Fortasec) a menos que su médico se los paute.
  • Lactantes y niños: nunca descontinuar la lactancia materna. Si no es el caso y se alimenta con leche de fórmula, alternarla con el suero oral.

Prevención:

  • Vacunación según calendario vacunal.
  • Buen lavado de manos (con agua y jabón por mínimo 20 segundos).
  • Si hay alguien infectado en su entorno familiar desinfectar las superficies como las mesas y el lugar donde se cocina.
  • Si realiza viajes a países que no cuentan con agua de grifo apta para consumo humano, beber y lavarse los dientes con agua embotellada. Evitar alimentos frescos (frutas, verduras) y hielo.
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