Estrella Melús López. Psicóloga. Departamento de enfermedades Infecciosas.

Con la irrupción en nuestras vidas del COVID-19, se ha incrementado en las personas la preocupación sobre cómo protegerse. Esta situación se agudiza en pacientes que sufren enfermedades crónicas aumentando las conductas de hipervigilancia por miedo al contagio, más si cabe, que en la población general.

Ante esta situación excepcional sería recomendable llevar a cabo una serie de pautas:

  • Fomentar las técnicas de afrontamiento que las personas con enfermedades crónicas han ido desarrollando en el transcurso de su enfermedad (manejo de emociones, búsqueda de soluciones y apoyos).
  • Adaptar de manera progresiva la vuelta a lo que era normal (salidas cercanas al domicilio y de corta duración, solo desplazamientos necesarios). Las medidas de protección como el distanciamiento y la higiene, son aplicables a toda la población y son la guía para ello.
  • Continuar con los autocuidados y mantener los hábitos saludables
  • Mantener la medicación pautada, reforzando la adherencia.
  • Identificar los miedos, preocupaciones y pensamientos que generan malestar y verbalizarlos a los contactos sociales y familiares y a los profesionales de la salud.
  • Centrarse en lo que se puede hacer (horarios, alimentación, actividades adecuadas).
  • Mantener el contacto social y el apoyo mutuo, siguiendo las recomendaciones médicas y las posibilidades de cada fase de “desescalada”.
  • Seguir el protocolo establecido para acceder al Centro de Salud, Hospital, Farmacia Hospitalaria, en cuanto medidas de prevención.

El seguimiento multidisciplinar (médico, enfermería, psicólogo) mantenido durante el confinamiento y las pautas que los pacientes crónicos ya tiene incorporadas para el adecuado manejo de la enfermedad, van a ayudar a que la desescalada se realice de forma progresiva incidiendo de forma efectiva en el ajuste y la calidad de vida y en la seguridad emocional para afrontarla.